Ene 2, 2016
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FTS – La PSU: la Consecuencia de una Educación Putrefacta

Como PSUTrabajadores de  la Educación pertenecientes al FTS, no nos hemos querido quedar callados/as con respecto a los desastrosos números que hace unos días arrojó la Prueba de Selección Universitaria (PSU), entendiendo que constituye uno de los elementos que muestra de manera más tangible la mercantilización de la Educación. Por esta razón, no nos hacemos parte de la tesis que han levantado algunos/as haciendo referencia a que “la prueba estuvo más difícil este año o sino iban a ser muchos quienes opten a la gratuidad”. Dicha posición carece de un análisis crítico, mucho menos propositivo de la realidad educacional y social de Chile, en tanto se desliga y no toma en cuenta que la coyuntura actual es una crisis estructural del sistema educacional chileno y que, por tanto, los números dados por el DEMRE ponen en evidencia la marcada segregación social y la precarización de la vida de una parte importante de las y los chilenos.

Así, al publicarse recientemente los resultados de la PSU 2015, las voces de crítica hacia el instrumento se han levantado como pocas veces hemos observado, principalmente, en razón de los paupérrimos resultados arrojados este año por dicho instrumento de evaluación y, junto a ello, la desigualdad se hace cada vez más notoria. Ello puede observarse la polarización de resultados entre los establecimientos educacionales privados y los establecimientos municipales y particulares subvencionados. Si bien compartimos dicho análisis y nos declaramos firmes opositores al sistema de selección universitario, en tanto constituye un “filtro” de admisión a la Educación Superior, consideramos que la problemática educacional en torno a la selección universitaria es mucho más compleja y multifactorial, ya que afecta a todas las esferas de la sociedad en su conjunto, siendo un trampolín que replica y reproduce la enorme desigualdad y marginación en función del factor monetario y multiplica las divisas y el poder del empresariado que se ha hecho parte del mercado educativo.

Así mientras aquellos/as que poseen lo suficiente para invertir en educación Básica y Media  para  así poder optar por la institución de Educación Superior y la carrera que más les represente y preserve sus privilegios como clase poderosa, los y las estudiantes con menores recursos debemos “rebuscar” entre las opciones que se ajusten al limitado presupuesto familiar y al puntaje obtenido en la PSU, engrosando, la mayoría de las veces, la lista de estudiantes que acceden a universidades privadas (por exigir puntajes más bajos)– instituciones que si bien en algunas ocasiones ofertan buenas opciones de estudio, exige el pago de aranceles altísimos para la realidad de una familia de la clase trabajadora– obligando a los/as estudiantes a vender tempranamente su fuerza de trabajo al mercado laboral.

Debido a este análisis es que insistimos en criticar no sólo a los instrumentos de evaluación estandarizados como el SIMCE  o la PSU, sino que a la educación chilena en su generalidad y la manera en cómo se sentaron las bases del sistema educativo en los oscuros años de la dictadura, generando nefastas pero funcionales consecuencias hasta la actualidad.

Por ejemplo, en Colegios Municipales o Particulares Subvencionados podemos observar cómo la educación se estructura en torno a un absoluto desinterés por el desarrollo intelectual del estudiante, y, a la vez, los números nos dicen que el 54% de los/as alumnos/as de los establecimientos Particulares Subvencionados no alcanzaron los 500 puntos en la PSU, es decir, 53.205 jóvenes, cuyos padres pagaron por una “mejor educación”, no lograron obtener los resultados esperados[1].

Por otro lado, los Colegios Privados concentran todos los medios posibles para una buena Educación – al menos visto desde los indicadores estandarizados propios del capitalismo – gracias a un arancel elevadísimo que sólo puede pagar una pequeña élite[2], ello se traduce en que el 95% de los puntajes nacionales pertenece a colegios privados y que estos corresponden aproximadamente solo el 8% total de la matrícula en Chile[3], ¡¡UN 8% DE LA MATRICULA EN CHILE!!

Entonces nos debemos preguntar: ¿Tenemos y queremos colegios para el puntaje o tenemos y queremos colegios para formar personas? Si intentamos responder esta pregunta, dejamos  entrever que los buenos colegios son aquellos en los cuales a los/as alumnos/as les va mejor en la PSU o en el SIMCE. Pero quienes estamos donde las papas queman, sabemos que eso no es así. Sabemos que ante el SIMCE los alumnos pierden formación en áreas que según las autoridades no son importantes, tales como ARTES o MÚSICA. Sabemos que los talleres de las tardes son para preparar el SIMCE y no para talleres artísticos o deportivos como se dijo alguna vez que sería. Sabemos que hasta los días sábado los/as niños/as deben asistir a clases. Sabemos que muchas veces los/as alumnos/as sufren la frustración de no poder responder una buena prueba y que a quienes peor les va se les pide que no asistan a dar las pruebas SIMCE, etiquetándoles y condenándoles al fracaso desde la Niñez. Y lo que es peor aún, sabemos que si los resultados no son óptimos, el problema es de el/la profesor/a que no supo motivar a los/as alumnos/as, que no les preparó.

Las pruebas  estandarizadas son pruebas segregadoras, desvinculadas de la realidad de los/as estudiantes porque quienes preparan las pruebas no tienen idea de las complejidades del contexto escolar.  Esto se condice con el modelo instaurado en Dictadura y reafirmado en “Democracia” (vaya eufemismo) por la Concertación y la Nueva Mayoría. La desigualdad que existe entre Municipales/Particulares Subvencionados y Particulares, es la demostración de la brecha entre  ricos y pobres y como sistema educativo en esencia putrefacto, demuestra lo putrefacto del sistema capitalista.

De esta manera, la Educación chilena prepara la mano de obra en las periferias de nuestro país con el fin de solventar las necesidades del mercado, por lo que no parece contradictorio bajo la lógica de este sistema observar cómo existen ciudadanos de “primera” y “segunda” categoría que se van definiendo a medida que avanzan los años de escolaridad, profundizando la enorme brecha cultural existente entre ambos y definiendo en parte aquella desigualdad en pruebas estandarizadas como el SIMCE y la PSU. Esta evidente desigualdad existente en el sistema educacional chileno puede incluso analizarse desde perspectivas territoriales, ya que en nuestro país el centralismo pasa la cuenta y no es lo mismo nacer en Santiago que en Arica, en cuanto a las posibilidades que la Educación nos pueden ofrecer, así como tampoco será lo mismo nacer en una comuna periférica como La Pintana que nacer en una comuna de estratos sociales ABC1 como lo es Las Condes.

En esta misma línea, los datos proporcionados por el DEMRE nos indican que en Santiago se concentran la mayor parte de los escasos puntajes nacionales de este año, contando además que los mejores promedios totales de puntajes PSU se ubican en el centro de nuestro país. A niveles comunales, la situación no cambia para nada, más aún se profundiza, ya que la brecha existente entre las comunas del barrio alto y las comunas periféricas es vergonzosa. Así es como Las Condes y Vitacura[4] se llevan buena parte de los puntajes nacionales logrados en Santiago, mientras que comunas como Colina, al menos en la PSU del año pasado, obtuvieron irrisorios puntajes que llegaron incluso a superar negativamente la brecha de los 300 puntos. [5]

Podemos entonces aventurarnos a afirmar que los distintos territorios reflejan una enorme desigualdad según sean comunas periféricas o regiones ubicadas en la periferia cultural y social de nuestro país. Así como el tipo de establecimiento educacional define penosamente en la mayoría de los casos el nivel cultural que alcanzará cada estudiante y el rendimiento que posiblemente obtendrá en la PSU, estos factores se replican también en los aspectos territoriales. Porque como dijimos, vivir en La Pintana o Hualpén no será lo mismo que vivir en Las Condes o Vitacura, y aquella desigualdad estructural no le importa a un sistema que comprende muy bien que se necesitan ciudadanos de primera y segunda categoría para seguir manteniendo funcional la máquina de la economía capitalista. Esta segregación socio-espacial es producto de las desigualdades del sistema capitalista, que demuestra esta contradicción centro-periferia no sólo en las grandes urbes del sistema, también lo hace a nivel nacional con las ciudades y pueblos pequeños en contrariedad con las grandes ciudades, ¿Por qué no hay ningún puntaje nacional de comunas como Arauco o cañete, de Punta Arenas o Chillán?

Es por ello que no enfocamos nuestras críticas sólo a la PSU o el SIMCE como sistemas poco competentes de medición de conocimientos, ya que éstos no son más que la punta del iceberg y un mero reflejo de una educación estatal que, paradójicamente, no se está preocupando de educar a nuestros niños y niñas. Incluso los mismos nos permiten, al menos, develar las enormes desigualdades de este sistema.

No confiamos en que esta situación mejore ni se solucione desde las esferas gubernamentales, ya sea con la implementación de la “Nueva Carrera Docente” o la promulgación de la “Ley de Desmunicipalización” las fisuras del sistema adquirirán un nuevo cariz, pero seguirán respondiendo exactamente a los mismos intereses, intereses que repercuten en la precarización total de la vida de  aquellos/as que no tenemos los medios monetarios para pagar una Educación de calidad.

Mientras este sistema siga comprendiendo a la educación como un elemento más del mercado en el cual la formación intelectual se transforma en un producto, las y los/as estudiantes en un número más dentro de los índices macroeconómicos y el  Estado siga ocupando el mero rol de garante o mediador de las condiciones de oferta y demanda, las problemáticas evidenciadas por el SIMCE y la PSU no harán más que mantenerse, por más que mejoren en pequeños índices porcentuales los paupérrimos resultados de este año. Nuestra labor como revolucionarios y revolucionarias será, a través de nuestro discurso y de nuestra praxis organizativa, develar dichas contradicciones y hacer comprender a nuestros cercanos/as, amigos/as, familiares, colegas de trabajo, que aquella situación no cambiará en base a reformas, sino que a través de nuestra organización y movilización y por ello es necesario luchar hoy más que nunca contra las falsas promesas del Gobierno, como el proyecto de la Desmunicipalización o el de Gratuidad en la Educación Superior como elemento de positivo cambio en la educación nacional y en el largo plazo por construir en conjunto a nuestra clase, al pueblo, la educación para – y con – la mujer y el hombre nuevo.

No es de sorprender, por lo tanto, los número que nos entrega la PSU este año,  no es de sorprender los números del próximo año y el siguiente. Es hora de cambiar  esa actitud pasiva de sólo criticar la PSU, de criticar sólo el SIMCE, más aún, criticarlo en momentos de convulsión. Nosotros/as debemos declararnos contra toda la EDUCACIÓN de MERCADO, declarar fuertemente nuestro rechazo a todo tipo de pruebas estandarizadas, nuestro rechazo al SIMCE ya que no demuestra que un colegio sea bueno o no, sólo deja entrever que tan adaptado esté al mercado, nuestro rechazo a la PSU. Por último, rechazamos la falsa Des municipalización y la falsa gratuidad,  por profundizar y perpetuar  la educación de mercado. Así, hacemos nuestro más ferviente llamado a dar freno a la Ley de desmunicipalización, las pruebas estandarizadas, a la carrera docente y a las nefastas condiciones en las que se ven inmersos los trabajadores/as de la educación en Chile organizando la periferia en todos sus niveles, levantando la lucha junto a los estudiantes y construyendo el referente único de los trabajadores/as de la educación.

¡¡SI LA EDUCACIÓN DE MERCADO SIGUE EN PIE, PROFESORES Y SECUNDARIOS ORGANIZADOS HASTA VENCER!!

FRENTE DE TRABAJADORES/AS POR EL SOCIALISMO

TRABAJADORES/AS DE LA EDUCACIÓN

[1] http://www.latercera.com/noticia/nacional/2015/12/680-661770-9-el-71-de-alumnos-municipales-de-la-generacion-2015-obtuvo-menos-de-500.shtml

[2] Icónicos son los casos de los colegios San Jorge, Los Andes de Vitacura o The Grange School, que superan ampliamente la barrera del millón de pesos anual como arancel de referencia y que obtuvieron parte de los mejores puntajes PSU este año.

[3] http://www.latercera.com/noticia/nacional/2015/12/680-661791-9-revisa-los-100-mejores-colegios-segun-puntaje-promedio-de-la-psu.shtml

[4] Según datos entregados por El Mostrador, El Desconcierto  y El Mercurio en las siguientes publicaciones: http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2015/12/28/la-desigualdad-que-refleja-la-psu-71-de-los-estudiantes-de-colegios-publicos-no-alcanzaron-500-puntos/ , http://www.eldesconcierto.cl/pais-desconcertado/2015/12/27/resultados-de-la-psu-2015-reflejan-la-desigualdad-y-segregacion-del-sistema-educacional/ y http://www.emol.com/noticias/Nacional/2015/12/28/765736/Conoce-los-colegios-con-los-mejores-puntajes-promedio-en-la-PSU.html

[5] Mayores datos referentes a la desigualdad territorial evidenciada en la PSU 2014 – y muy probablemente también en la 2015 cuando se publiquen los catastros y tabulaciones de todas las comunas del país – pueden encontrarse en: http://ciperchile.cl/2014/01/15/desarrollo-territorial-y-desigualdad-la-otra-brecha-que-revela-la-psu/. Investigación realizada por CIPER Chile durante 2014.

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